El Juicio Revelado
Sea bienvenido una vez más. El estudio de hoy es una continuación del tema anterior, cuando entendimos el funcionamiento y la existencia del santuario.
En el libro de Apocalipsis, Juan nos presenta un juicio en el cual todos los seres humanos comparecerán. Será un juicio universal con consecuencias eternas. Llegará un tiempo en el que, todas las acusaciones contra Dios, los resultados del pecado y de las elecciones equivocadas de todos nosotros serán juzgadas.
"Temed a Dios y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado" Apocalipsis 14:7
El capítulo 14 de Apocalipsis presenta el mensaje de los tres ángeles que nos lleva a contemplar la escena crucial del gran conflicto que existe entre el bien y el mal. Esos ángeles, en realidad, representan a todos los siervos de Dios que están empeñados en la tarea de proclamar el evangelio. El ángel que hace el anuncio del juicio es el primero.
Cuando la Biblia habla de juicio final se refiere a tres fases o etapas:
Juicio Pre-advenimiento. Que sucede antes del regreso de Jesús a esta tierra para buscar a sus hijos fieles; es un juicio de vindicación.
Juicio Confirmativo: Que sucederá en el cielo durante mil años, donde cada uno de los salvos confirmará la justicia de Dios,
Juicio Ejecutivo: Cuando todos los infieles a Dios, inclusive Satanás y sus demonios, recibirán la condenación final que será la muerte y destrucción eterna. Ese juicio sucederá al final de los mil años o milenio.
Acompañe la lectura de Apocalipsis 14:7, pues existen puntos claves del juicio de Dios en ese texto.
"...Temed a Dios y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado; y adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas".
El juicio presentado aquí está relacionado con el santuario celestial. Después que los tres mensajes sean dados a los habitantes de la tierra, al ser concluido el juicio, el ángel sale del templo de Dios con una hoz para segar. Acompañe lo que dice Apocalipsis 14:14-16:
"Entonces miré y vi una nube blanca, y sobre la nube uno sentado semejante al hijo del hombre, con una corona de oro en su cabeza, y en su mano una hoz aguda. Y del santuario salió otro ángel, y clamó a gran voz al que estaba sentado sobre la nube: Toma tu hoz y siega, porque ha llegado la hora de segar, y la mies de la tierra está madura. Y el que estaba sentado sobre la nube pasó la hoz por la tierra y la segó".
Los salvos son separados de los perdidos. Otro punto importante del juicio anunciado por el primer ángel está relacionado con los seres humanos. Se hace un llamado en Apocalipsis 14:7
"...Adorad aquel que hizo..."
Se trata de la restauración de la adoración a Dios como Creador. La Biblia presenta cómo el mundo comenzó su existencia. Dios hizo todas las cosas y somos obra de sus manos. No estamos aquí por si acaso. No surgimos porque se juntaron elementos químicos, sino que tenemos un origen sobrenatural.
Cuando el ángel hace la invitación de adorar al Creador, el está haciendo una referencia a los 10 mandamientos que también conducen al hombre hacia la adoración de aquel que hizo todas las cosas. Ese mandamiento que ha sido olvidado y dejado a un lado, pero el ángel del juicio dice que usted necesita obedecer a este mandamiento que dice lo siguiente:
"Acuérdate del día sábado para santificarlo. Seis día trabajarás y harás toda tu obra. Pero el sábado es el día de reposo del Señor tu Dios, no hagas ningún trabajo en él; ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días el Señor hizo el cielo, la tierra y el mar, y todo lo que contienen, y reposó en el séptimo día. Por eso, el Señor bendijo el sábado y lo declaró santo" (Éxodo 20:8-11).
El sábado tiene una razón de ser: Recordarnos que Dios es el Creador. Cuando yo decido guardar el sábado, estoy reconociendo que Dios es el Creador de todas las cosas. Adoración tiene que ver con obediencia, no queda duda alguna. Todos los seres humanos, para ser salvos, son llamados a la obediencia de los 10 mandamientos, y en ese texto, específicamente, a guardar el sábado.
Perdón por derramar sangre
En los días del Antiguo Testamento, el pecador debía presentarse al santuario para obtener perdón de sus pecados. Mire lo que la Biblia dice en Levítico 4:27-30:
"Y si alguna persona del pueblo pecara por inadvertencia, contra algún mandamiento del Señor, en cosas prohibidas, será culpable. Al conocer su pecado traerá por su ofrenda un cabrito sin defecto, por el pecado que ha cometido. Pondrá su mano sobre la cabeza de la víctima y la degollará en el altar d los holocaustos. Luego el sacerdote mojará su dedo en la sangre, untará los cuernos del altar de los holocaustos, y derramará el resto de la sangre al pie del altar".
Poner su mano sobre la cabeza, representa simbólicamente la transferencia de la culpa del pecado del pecador al animal, que trae como consecuencia, la muerte. Esos solo eran símbolos que no tenían valor en sí mismos; sino, representaban la sangra de Jesús. Como lo confirma Apocalipsis 1:5:
"...Al que nos ama y con su sangre nos libertó de nuestros pecados".
Jesús nos amó primero, manchados como estábamos por nuestros pecados. Después, porque nos amó, nos lavó con su sangre, la mayor prueba del amor de Dios. Eso quiere decir que no importa cómo estás ahora, Jesús quiere limpiarte y curar la heridas que el pecado te causó.
Cuando el sacerdote asperjaba la sangre, el pecado era simbólicamente transferido al santuario. El pecador era perdonado de su maldad, pero quedaba un registro sangriento en el santuario. La Biblia habla sobre eso en Jeremías 17:1:
"El pecado de Judá está escrito con cincel de hierro y punta de diamante, esculpido está en la tabla de su corazón y en los cuernos de los altares".
Después que los pecados se habían acumulado, era necesario el rito de la expiación para que los pecados transferidos al santuario fuesen limpios. Acompañe la lectura en Levítico 16:33, 34:
"Y expiará el Santuario y la Tienda de la reunión. Expiará también el altar, los sacerdotes y todo el pueblo de la congregación. Tendréis esto por decreto perpetuo. Una vez al año se hará la expiación por todos los pecados de los israelitas. Y Moisés lo hizo tal como el Señor mandó".
Con esta ceremonia, el santuario era purificado de todos los pecados de quienes se habían arrepentido y habían confesado su culpa; de los sacerdotes que comían la carne y el altar donde la sangre era derramada y asperjada.
La purificación del santuario era realizada con la sangre del macho cabrío dedicado al Señor, símbolo de la sangre de Jesús. Otro macho cabrío llamado "para Azazel", recibía todos los pecados del santuario y era llevado y abandonado en el desierto.
El día de la expiación, era un día muy importante para el pueblo de Dios. Todos estaban con sus ojos y corazón concentrados hacía lo que sucedía en el templo. Esa ceremonia de expiación cerraba el ciclo religioso de un año, símbolo del fin de los tiempos. Aquellos que no se preparaban para ese día se encontraban con una consecuencia según Levítico 23:29:
"Porque toda alma que, no se aflija en ese día (ayune) será eliminada (cortada) de su pueblo".
Perdón por el Juicio Pre advenimiento
Ese día del pasado también se refiere a un día que el Nuevo testamento también habla en 1 Pedro 4:17:
"Porque es tiempo que juicio empiece por la casa de Dios. Y si empieza primero por nosotros. Cuál será el fin de los que no obedecen al evangelio de Dios?".
El juicio que comienza con la casa de Dios, se realiza antes de la segunda venida de Cristo. El día de la expiación era un símbolo de un juicio que está sucediendo en el cielo. Pablo nos dice en Hebreos 9:24-28:
"Porque Cristo no entró en el santuario hecho por mano de hombre, que era copia solo del santuario verdadero, sino que entró en el mismo cielo, donde ahora se presenta por nosotros ante Dios. Tampoco entró para ofrecerse muchas veces a sí mismo, como entra el sumo sacerdote en el lugar Santísimo, cada año con sangre ajena. De otra manera, a Cristo le hubiera sido necesario padecer muchas veces desde la creación del mundo. Pero ahora, al final de los siglos, se presentó una sola vez para siempre, para quitar el pecado, por medio del sacrificio de sí mismo. Y así como está ordenado que los hombres mueran una vez, y después enfrenten el juicio, así también Cristo fue ofrecido una sola vez, para quitar los pecados de muchos. Y la segunda vez sin relación con el pecado, aparecerá para salvar a los que lo esperan".
El juicio pre advenimiento, se refiere al pueblo de Dios, comenzando por los primeros habitantes de la tierra hasta los que estén vivos cuando Jesús regrese. Todas sus obras serán juzgadas - las buenas y las malas - hasta incluso las obras ocultas, que nadie sabe, como dice Eclesiastés 12:14:
"Porque Dios traerá toda obra a juicio, incluyendo toda cosa oculta, sea buena o sea mala".
El juicio se realiza en base a la ley de Dios, de acuerdo con los registros que están en los libros del cielo. Jesús es nuestro abogado, que perdona a todo aquel que lo acepta como su Salvador. Jesús promete que el nombre de los vencedores, de aquellos que se salvarán, estará escrito en el libro de la vida.
Al final del juicio pre Advenimiento, el destino de cada ser humano estará decidido. Este juicio es necesario para todo el universo. Es una oportunidad para comprobar la justicia y la misericordia de Dios.
El planeta tierra se convirtió en el centro del universo. Fue aquí que Jesús, el hijo de Dios, consumó y expulsó el pecado. Fue aquí que Dios demostró su amor y justicia eterna enviando a su hijo para morir a favor del pecador. Después de su segunda venida, Jesús llevará a los salvos al cielo. Allí, entonces, comenzará la segunda fase del juicio. Pablo dice en 1 Corintios 6:3 que:
"No sabéis que hemos de juzgar a los ángeles..?".
Juicio Confirmativo y Juicio Ejecutivo
Durante el milenio, en el cielo, el pueblo de Dios entenderá más del amor de Dios al analizar los criterios que Dios usó para juzgar a su pueblo. El juicio confirmativo es necesario para todos los salvos. Nos ayudará a comprender la justicia y la gracia de Dios. Eso afirmará nuestra confianza en Dios, reafirmando nuestra felicidad eterna.
La tercera fase, el Juicio Ejecutivo, sucederá al final del milenio. Pero esta vez, el mal será destruido para siempre. Los impíos que murieron por causa del regreso de Jesús, resucitarán para recibir la condenación.
Lucifer será destruido para siempre y el mal llegará a su fin. El juicio ejecutivo es el fin de la trágica rebelión del pecado. Esa fase del juicio sucede para que la promesa de "nuevos cielos" y "nueva tierra" sea cumplida.
Apocalipsis 20:11-15 nos describe esa escena:
"Entonces vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él. De su presencia huyeron la tierra y el cielo y no fueron hallados más. Y vi también a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante el trono. Los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el libro de la vida. Y los muertos fueron juzgados, según sus obras, por las cosas que estaban escritas en los libros. El mar dio a los muertos que estaban en él, y la muerte y el sepulcro dieron los muertos que estaban en ellos. Y cada uno fue juzgado según sus obras. Y la muerte y el sepulcro fueron lanzados al lago de fuego. esta es la muerte segunda. El que no fue hallado escrito en el libro de la vida, fue lanzado en el lago de fuego".
Salvador y Juez
En la época de los vehículos empujados a caballo, en un ciudad del interior, un niño jugaba en la calle, cuando unos caballos aparecieron disparados. Los animales enloquecidos corrían y el carruaje se movía a gran velocidad completamente descontrolado e iban en dirección al niño que jugaba despreocupado.
La mamá, al ver lo que estaba a punto de suceder, comenzó a gritar desesperadamente, sin poder hacer nada. Un joven que estaba pasando, tiró su comida y con firmeza se lanzó en medio de los caballos y consiguió sujetar las correas hasta que ellos parasen.
El quedó sumamente maltratado, pero el niño estaba a salvo.
Veinte años más tarde un joven enfrentaba un juicio por crímenes graves que había cometido. En el momento en que el juez iba a dictar la sentencia, el joven luchaba mentalmente para acordarse dónde había visto al juez.
Cuando el juez comenzó a hablar, el lo recordó. Su rostro cambió de la angustia a la esperanza, cuando preguntó:
- ¿Doctor, fue usted quien un día arriesgó su vida, lanzándose en medio de caballos desenfrenados que tiraban un carruaje que iba atropellar un niño?
- Sí -respondió el juez - hasta ahora traigo las cicatrices en mi pecho, en los brazos y en las piernas. Son recuerdos de aquel día.
- Mire Doctor, yo soy aquel niño que usted salvó hace veinte años. Ya que usted me salvó una vez ¡por favor sálveme otra vez!
Después de algunos instantes en silencio, el juez respondió:
- Aquel día yo fui su Salvador, pero hoy soy su juez, y por causa de su conducta debo condenarlo.
Jesús hizo todo para salvarnos, pero si no lo aceptamos como Salvador y Señor de nuestras vidas, si no cambiamos de vida; Él será nuestro juez y nos tendrá que condenar.
El apóstol Pablo en Romanos 3:23-25 nos hace una invitación muy importante:
"Por cuanto todos pecaron, y han caído de la gloria de Dios, pero son justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención realizada en Cristo Jesús; a quien Dios puso como medio de perdón, por la fe en su sangre, para demostrar su justicia, al haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados".
Hoy usted necesita tomar una decisión. No la puede dejar para después. No hay porque tener miedo del futuro. Jesús esta probando que lo ama infinitamente. Usted no necesita sufrir más. Él está con los brazos abiertos, listo para abrazarle y darle la vida eterna.
¿Usted quiere colocarse delante de Jesús ahora?
¿Quiere venir hacia el altar para recibir de las manos de Jesús el perdón y la salvación?
Ore conmigo:
Padre nuestro, gracias porque tenemos un abogado que vela por nosotros. Aquí estamos delante tuyo para pedirte que aceptes nuestra entrega. Toma el control de nuestro corazón, y así, salva nuestra vida de la condenación. Toca nuestros corazones, lo pedimos en el nombre de Jesús, Amén.
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