Las buenas noticias reveladas
Sea una vez más bienvenido al seminario "Apocalipsis, el Fin Revelado".
¿Usted ya pensó en lo que nos depara el futuro?
Cuando vemos noticias de tragedias, asesinatos, desastres naturales, violencia, una pregunta viene a nuestros corazones: ¿Hasta Cuándo?
El estudio de la Biblia llena de esperanza a aquellos que creen en Jesús.
Así como los tres primeros capítulos de Génesis presentan la historia de la creación, la caída del hombre en el pecado y el paraíso perdido, los tres últimos capítulos del Apocalipsis muestran que Satanás y sus obras serán destruidos y el Edén será restaurado. O sea, como al inicio de la Biblia
El libro del Apocalipsis es la esperanza y la certeza que tenemos de que Dios quiere devolver al ser humano todo aquello que tenía, pero que perdió por causa del pecado.
Podríamos decir que el evangelio del Apocalipsis es nuestra esperanza en este mundo lleno de inseguridad. Pero ¿Existe un libro llamado evangelio de Apocalipsis?
La verdad no. Pero el significado es real. El término evangelio significa “Buenas Noticias” de parte de Dios para salvar al ser humano. El Apocalipsis revela toda la belleza del amor de Dios al salvar al pecador.
La Biblia muestra a Dios buscando y ayudando a sus hijos en medio de terribles tragedias. Juan ve un ángel que tenía una misión dentro del plan de salvación. El plan de salvación, es un tema muy importante dentro del Apocalipsis. Acompañe la lectura en Apocalipsis 14:6
“Entonces vi a otro ángel que volaba por el cielo, con el evangelio eterno para predicarlo a los que habitan la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo.” (1047)
El evangelio eterno es el mensaje de salvación de Dios. Fue necesario hacer un plan para salvar al ser humano porque el pecado trajo consecuencias peligrosas y trágicas. El pecado nos separa de Dios y hace recaer sobre el pecador la condenación a la muerte y lo priva o destituye de la gloria de Dios.
Sin embargo, para que esa terrible condición, no se tornase una realidad en la vida del ser humano, el apóstol Pablo nos dice en Romanos 5:12:
“Así como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte paso a todos los hombres, pues todos pecaron”(945)
Dio su hijo Unigénito
Después de la batalla de Bautzen, Napoleón Bonaparte escribió:
“No perdí nadie de importancia”.
La frase se vuelve más dura cuando descubrimos que en esta batalla millares de soldados habían muerto dando su vida por la causa a la cual Napoleón los había enviado. Pero, como ninguno de los fallecidos era de alto rango, para él, no tenían importancia.
Eso no pasa con Dios.
Para él cada persona es importante.
Usted y yo estábamos condenados a morir por causa del pecado. Sin embargo, el amor de Dios hizo que Jesús tomase nuestro lugar. Y la muerte que nos tocaba, la sufrió Jesús, mi culpa recayó en los hombros de Jesús.
Lo que Jesús hizo fue por toda la humanidad, contaminada por el pecado.
Pero Jesús haría eso, aún si fuese solo por usted o por mí. Uno de los versículos más conocidos de la Biblia, Juan 3:16, deja bien en claro ese concepto cuando nos dice:
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su hijo único, para que todo aquel que crea en él, no perezca, sino tenga vida eterna” (884)
Dios no quiere que usted se pierda. Él dio su vida para que usted no tuviese que morir.
La muerte entró por el pecado de un hombre, Adán. Y la muerte saldrá por la muerte de un hombre, Jesús.
Sin embargo, después de comprender y aceptar la muerte de Jesús en su lugar; hay una continua decisión que debemos tomar a favor de Jesús. En su carta a la iglesia de Esmirna, en Apocalipsis 2:10, él promete:
“…Sé fiel hasta la muerte y yo te daré la corona de la vida.”
Dios entregó su hijo por causa del pecado. Su entrega no fue como la de una persona que tiene un revolver apuntando a su pecho, es decir obligatoria. Él lo hizo por amor, por decisión propia.
Una vieja historia revela esa realidad del amor de Dios.
Un regalo de amor
Durante meses, Margarita ahorró, esperando comprar un buen regalo de aniversario para su esposo, Antonio. Cuando faltaban pocos días para la entrega del “GRAN REGALO”, ella descubrió que el dinero que había juntado era insuficiente para el regalo que ella quería darle a su esposo.
¿Qué hacer entonces?
Encontró un anuncio de una empresa que compraba cabelleras largas, entonces se dirigió hacia ese lugar.
Vendió su larga y hermosa cabellera, y con lo que le pagaron compró una cadenilla de oro para el reloj de bolsillo de Antonio, que perteneció a su padre y a su abuelo y que él consideraba un bien muy precioso y valioso.
Aquel día, cuando Antonio llegó a casa trajo un paquete con un regalo para su esposa. Al abrirlo Margarita vio un hermoso juego de sujetadores de cabello que un tiempo atrás había visto en una vitrina de una tienda.
Al recuperarse de la tristeza que le vino al pensar que ahora ya no le serían útiles, pues ya no tenía cabellos largos; corrió y trajo la cadenilla de oro que había comprado para su esposo.
Cuando Antonio abrió el regalo, fue el quién quedó triste.
- Vendí el reloj, para comprar tu regalo.
No hay duda de que los dos se amaban, porque cada uno había sacrificado lo que más amaba para ver feliz al otro.
Sacrificarse para ver al otro feliz.
Fue eso exactamente lo que hizo Dios, se sacrificó por nuestra felicidad.
Nadie puede obligar a Dios a dar alguna cosa. Él entregó su hijo porque nos amaba mucho ¡porque él te ama! Amar es entregarse, amar es darse.
Dios no entregó dinero, o un continente, ni un planeta. Él amó hasta tal punto que entregó su hijo para morir por nuestros pecados.
Acepte y Crea
¿Qué espera Dios de nosotros?
Él no dice: “el que quiere salvarse que pague el precio”, porque así personas pobres no se salvarían.
Tampoco dice: “Trabaje”, porque así, los enfermos se perderían.
Tampoco dice: “Si quiere salvarse, estudie” porque así, quienes no pudieron estudiar no podrían salvarse.
Él dice: ACEPTE Y CREA. Y eso es algo que ¡usted puede hacer!
Puede aceptar y creer en Cristo. El plan de salvación existe, incluso, antes de que el hombre experimentara el veneno amargo del pecado.
En Apocalipsis 13:8 la Biblia nos dice:
“...El Cordero que fue muerto desde la creación del mundo”.
Todos los hombres salvos, lo son gracias a Jesús.
Él es el único camino que nos llevará a la victoria y al completo abandono del pecado.
No existen dos planes de salvación – uno en el Antiguo Testamento, antes de que Jesús naciese en la tierra y otro para el Nuevo Testamento, después que Jesús vivió aquí en la tierra.
No hay salvación en ningún otro
Jesús asumió una culpa que no era de él.
En Apocalipsis 1:5 Juan dice que:
“Jesucristo, el testigo fiel, primogénito de los muertos y soberano de los reyes de la tierra. Al que nos ama, y con su sangre nos libró de nuestros pecados” (1038)
Antes que Jesús viniera al mundo, la salvación planeada sería consumada solamente en el futuro cuando, Él asumiría de una sola vez toda la culpa del ser humano.
Pero para que esa realidad no se perdiese, desde los días de Adán y después, con los rituales que se realizaban en el santuario, los cuales Dios mandó, corderos debían ser sacrificados como símbolos.
El pecador colocaba su mano sobre la cabeza del cordero y transfería de ese modo su muerte para el inocente animal. Esa muerte sucedía en lugar de la muerte del pecador. Jesús interrumpió ese sacrificio de animales, porque él es el “Cordero de Dios” y su misión de “quitar el pecado del mundo” fue bien realizada.
No hay otra opción o forma de ser salvos. En hechos 4:11 y 12 leemos:
“Este Jesús es la piedra rechazada por vosotros los edificadores, y ha venido a ser cabeza del ángulo. En ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (912)
Lo que Jesús hace es para siempre y es completo. Mire lo que dice Apocalipsis 3:7 sobre su poder:
“Escribe al ángel de la iglesia en Filadelfia: Esto dice el Santo, el verdadero, el que tiene la llave de David, el que abre y ninguno cierra, y cierra y ninguno abre” (1040)
Eso quiere decir que, cuando Cristo abre la puerta de la salvación, nadie la puede cerrar, ni el enemigo puede cerrar la salvación para usted. Mas, si usted no acepta, la puerta de la salvación se cerrará y después de cerrada, nadie más la podrá abrir.
JESÚS = "El Señor es Salvación" (Mateo 1:21)
El Señor no solo hace salvación (Isaías 12:2); él mismo es salvación. La presencia del Santo de Israel en nuestro medio (Isaías 12:6) lo es todo para nosotros. ¡Dios está con nosotros!
Jesús no solo hizo milagros; “se hizo hombre y habitó entre nosotros” (Juan 1:14, énfasis añadido).
No solo llevó nuestros pecados en la Cruz; se hizo pecado por nosotros (2 Corintios 5:21).
No solo hace la paz; él es nuestra paz (Efesios 2:14).
No es de extrañar que “la raíz de Isaí se levantará como una señal para los pueblos” (Isaías 11:10, PDT). Cuando es levantado en la Cruz, ¡atrae a todos hacia sí mismo (Juan 12:32, 33)! ¡Un remanente volverá al “Dios fuerte” (Isaías 10:21,), que es el Niño que nos ha nacido, el “Príncipe de Paz” (9:6)!
Tres pasos para la salvación
Y para recibir la salvación hoy, existen tres pasos que necesitamos dar:
Hechos 16:31- “Ellos respondieron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa” (927)
Creer en Jesús no es simplemente decir que él existe. Creer implica confianza, compromiso y seguridad. Creer en Jesús es procurar conocer cada día más a Dios y su voluntad. Creer en Jesús es vivir de acuerdo con aquello que Dios espera de usted. Creer en Jesús es aceptar por la fe andar en los caminos que él caminó a través de la Biblia.
No siempre fue fácil hacer la voluntad de Dios. Tal vez sea exactamente eso lo que usted está viviendo ahora:
-¡Tengo tantas cosas para mejorar!
-¡Mis problemas son muy complicados!
-y ¿Cómo reaccionará mi familia?
Si usted no confía en Jesús. Él no lo podrá salvar. Dios lo creó como un ser libre. Respeta sus decisiones, mas hoy llama incansablemente a la puerta de su corazón diciendo: Hijo, hija ¡Yo quiero ayudarte!
Apocalipsis 3:19 – “Así, Arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados, y vengan los tiempos del refrigerio de la presencia del Señor” (911)
Arrepentirse es sentir tristeza por aquello que hizo y la voluntad de no hacerlo más. Arrepentimiento implica el deseo de buscar la transformación del corazón y la vida. O sea, en la Biblia arrepentimiento significa cambiar de parecer. Es un cambio genuino de la mente y la actitud para con Dios, consigo mismo y con los demás. La persona arrepentida, por medio del Espíritu Santo, comienza a ver las cosas como Dios las ve. Conversión por tanto, significa dar media vuelta y retroceder en el camino del pecado y de la muerte y avanzar hacia Dios en el camino de la salvación y la vida.
1 Juan 1:9 – “Si confesamos nuestros pecados, Dios es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de todo mal” (1031)
Primeramente, el texto deja bien claro que los pecados deben ser llevados directamente a Dios. Pablo nos dice en 1 Timoteo 2:5
“Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo Hombre”
La razón de eso es claramente vista en Toda la Biblia. Solo Jesús tiene la naturaleza divina y humana. Jesús es Dios y para salvar a los seres humanos, tomó la naturaleza humana. Jesús no cometió ningún pecado, por tanto no merecía morir.
Pero, él murió para pagar la deuda que nuestros pecados causaron.
No existe otro que reúna esas características para hablar sobre las cosas de Dios al hombre en lenguaje de hombres, y no tener pecado, para presentarse a Dios y hablar con él de igual a igual al respecto de los problemas de los hombres.
Por eso, es solamente a Jesús que su pecado, debe ser confesado.
Confiese a Dios sus pecados. Usted no necesita de ningún ser humano que lo lleve hasta Él, porque esa es la función de Cristo, Él nos coloca en contacto con Dios directamente.
Confesando los pecados
Pero, ¿Por qué confesar?
La confesión es el reconocimiento del error y la seguridad de que en Dios nuestras fallas serán perdonadas y borrados nuestros pecados. Alguien me dijo una vez:
¿Por qué necesito confesar mis pecados a Dios, si él sabe todas las cosas?
La confesión sirve para fortalecer su relación con Dios. Al confesar sus pecados, usted está buscando en Jesús el poder y las fuerzas para vencer.
Recuerde que la confesión involucra algunos elementos más como:
1. Sinceridad- Usted está hablando con Dios que sabe todas las cosas, no se preocupe con querer impresionarlo. Abra su corazón y saque todo lo que está dentro de usted. Hacer eso le hará mucho bien. Tengo la plena certeza de eso, saque esa angustia de su corazón- colóquese delante de Dios y siéntalo a su lado.
2. No justifique sus pecados- Dios sabe lo que usted hizo y por qué lo hizo. No intente culpar a otro por sus errores. Es una tendencia natural del ser humano, querer siempre, justificar sus errores, o explicar por qué alguna cosa salió mal culpando a otra persona.
3. Humildad y Tristeza- Vacíese de todo su egoísmo, deje de lado toda vanidad u orgullo. Reconozca su incapacidad y demuestre su insatisfacción por aquello que hizo.
4. Tenga la certeza del Perdón- No existe pecado que Dios no pueda perdonar.
Pero, para que todo pecado sea perdonado, debe haber en su corazón la decisión y la disposición de querer recibir el perdón de Dios.
“Yo estoy a la puerta”
En Apocalipsis 3:20, Jesús le está diciendo hoy:
“Yo estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a su casa, y cenaré con él, y él conmigo.” (1040)
Jesús está llamando porque él quiere entrar. No deje a Jesús afuera. Lo que él quiere hacer en su vida comienza adentro, en su corazón. El quiere cambiar su carácter, sus hábitos.
“Porque Dios es el que obra en vosotros tanto el querer, como el hacer, por su buena voluntad” (990) Filipenses 2:13
Usted ¿Quiere experimentar esa transformación ahora?
Repita entonces conmigo lo que voy a decir, no se preocupe por quien le vea. Recuerde que este es un momento entre usted y Dios:
Señor,
Reconozco que soy débil delante de las tentaciones y del pecado;
Entiendo que Jesús es poderoso para salvarme
Acepto la muerte de Jesús en mi lugar
Pido perdón por mis pecados;
Purifica mi vida;
Transfórmame completamente;
Yo quiero tenerte en mi vida.
Ore conmigo.
Querido Padre:
Ahora una importante decisión fue tomada. Un hijo, una hija más fueron rescatados hoy, por tu poder. Ayúdanos a vencer las tentaciones. A comprender el verdadero arrepentimiento y sentir el perdón a través de nuestra sincera confesión. No somos nada; mas, en ti, tendremos la victoria. Por eso oramos en nombre de Jesús. Amén.
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