Las Promesas en el Apocalipsis

 Texto base: “El que da testimonio de estas cosas dice: Ciertamente vengo en breve. Amén; sí, ven, Señor Jesús” (Apocalipsis 22:20).


Introducción

Cierta vez, visité la casa de una señora. Conversamos sobre muchas cosas. Ella me contó sobre su vida y como había encontrado a Jesús. Antes de irse, le pedí que me prestara su Biblia para leer un texto.

Ella trajo un libro con aspecto bastante manoseado. Pero, lo que más me llamó la atención fue que en las últimas páginas había un clip que sujetaba una porción de la Biblia. Le pregunté qué era eso y ella me sorprendió con la respuesta:

- Es que tengo miedo del Apocalipsis, por eso lo dejo cerrado.

En su simplicidad, esa señora mostró una realidad: los seres humanos tienen miedo del futuro, y como el Apocalipsis habla sobre el futuro, es un libro casi rechazado.

Desarrollo

El libro de Apocalipsis no es un libro que habla de tragedias. Es un libro que habla sobre esperanza. Dios nos revela un futuro en el cual el mundo volverá a ser perfecto como lo era cuando él lo hizo. Y lo que él promete hacer, lo hace. Dios no vuelve atrás en sus palabras y por eso, cada promesa hecha, en verdad, es una certeza. La Biblia tiene cientos de promesas.

Estamos acostumbrados con las promesas que nos hacen las personas y después no las cumplen. Y a veces somos nosotros los que hacemos las promesas y por muchas razones terminamos no cumpliéndolas. Muchas promesas son quebrantadas. Pero, eso no ocurre cuando se trata de las promesas de Dios.

Es posible que usted tenga o haya tenido una caja de promesas bíblicas. En cada una de las tarjetas hay una promesa hecha por Dios mismo. Y cuando usted se sintió desanimado, tenso o pasó por alguna prueba o aflicción, sacó una tarjeta para encontrar ánimo en la promesa escrita allí.

El libro de Apocalipsis es exactamente como esa cajita. Está repleto de promesas de Cristo para fortalecer a los fieles. En medio del drama del conflicto entre el bien y el mal en este mundo, Dios revela el alivio de su gracia a través de decenas de promesas. Son promesas que expresan el amor, la comprensión y el poder restaurador de Dios.

Y lo más interesante es que las promesas del Apocalipsis pasan la barrera del tiempo y hablan a nuestros días, a hombres y mujeres del siglo XXI. No son versículos escritos por un simple humano, sino por la inspiración divina. El apóstol Pedro escribió: “Porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (2 Pedro 1:21).

También hay promesas llamadas negativas, porque revelan el triste fin de los que se rebelan contra la perfecta justicia de Dios. Buena parte de las promesas está relacionada con la segunda venida de Jesús. Otra parte se divide entre promesas de fidelidad, salvación y vida eterna.

Existen promesas de recompensas. Por ejemplo, Apocalipsis 22:12:

“He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra”.

Esa es una promesa relacionada con la segunda venida de Cristo. “[...] y tu ira ha venido, y el tiempo de juzgar a los muertos, y de dar el galardón a tus siervos [...] y de destruir a los que destruyen la tierra”, dice Apocalipsis 11:18, y dar vida eterna a los que aceptaron a Cristo. Promesa positiva para los salvos y negativa para los perdidos.

Al hablar de recompensa, ¿qué tipo de recompensa está buscando recibir de Dios? Haga un análisis de su vida. ¿Hay algo que debe cambiar o dejar de hacer? ¿O su problema es algún tipo de adicción? ¿Ha hecho elecciones peligrosas que han puesto en peligro su matrimonio y su familia?

Recuerde que hoy es el momento cuando Dios quiere entrar en su vida. Este estudio llegó hasta sus manos porque Dios quiere hablar con usted. Quiere llamar su atención a lo que está escrito en la Biblia. Dios quiere llevarlo a una tierra perfecta y darle una vida impecable. La Biblia dice:

“El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios” (Apocalipsis 2:7).

A causa del primer pecado, Dios no permitió que el ser humano comiera del árbol de la vida y lo retiró de la Tierra. Por eso, Dios hizo la promesa que usted acaba de leer. Los que venzan el mal podrán alimentarse del árbol de la vida en el paraíso de Dios. El árbol de la vida está mencionado seis veces en toda la Biblia. Tres veces en el primer libro de la Biblia, Génesis, y tres veces en el último libro, Apocalipsis.

Promesa de restauración

¿Imaginó la maldición que sería si fuéramos eternamente pecadores? Eso quiere decir que estaríamos eternamente viviendo con males, enfermedades y deficiencias típicas de este mundo. ¿Imaginó sufrir los dolores terribles de un cáncer por toda la eternidad? ¿O quedarse para siempre postrado en una cama, sin fuerzas para levantarse, sin posibilidad de terminar con ese sufrimiento? ¿Y qué decir de un niño pasando hambre y miseria?

Con el envejecimiento del cuerpo, sin descanso, seríamos eternamente infelices. Satanás quería todo eso y mucho más, ¡Dios no!

De acuerdo con la promesa bíblica, a los vencedores restaurados y transformados por Jesús, o sea, a los salvos, se les promete comer del árbol de la vida. De esa manera, un Dios perfecto y reprobador del pecado, muestra comprensión y ternura hacia los pecadores y débiles, dándoles una nueva oportunidad. Dios entiende las limitaciones que tenemos por las secuelas que el mal dejó en nosotros.

En el momento cuando Juan comenzó a tener las visiones del Apocalipsis, nos cuenta que:

“Cuando le vi, caí como muerto a sus pies. Y él puso su diestra sobre mí, diciéndome: No temas; yo soy el primero y el último” (Apocalipsis 1:17).

En el versículo 24 del capítulo dos, hablándole a la iglesia de Tiatira, vemos otra prueba de la comprensión de Dios:

“Pero a vosotros y a los demás que están en Tiatira, a cuantos no tienen esa doctrina, y no han conocido lo que ellos llaman las profundidades de Satanás, yo os digo: No os impondré otra carga”.

Y en Apocalipsis 3:10:

“Por cuanto has guardado la palabra de mi paciencia, yo también te guardaré de la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero, para probar a los que moran sobre la tierra”.

Promesa de ayuda

El pescador de Hemingway sirve de ilustración de las duras luchas que algunos enfrentaron. El gran escritor, que tuvo una muerte trágica hace mucho tiempo, entre otras obras famosas, nos dejó una titulada: El viejo y el mar.

En ella, Hemingway cuenta la historia de un viejo pescador de La Habana (Cuba) que, después de 84 días sin capturar nada significativo, se dispuso a un intento más. Partió hacia el mar y después de tres días sin dormir, comiendo peces crudos y tomando agua de la única botella que había llevado con él, logra enganchar el pez más grande que había visto en su vida.

Era tan grande que no podía ponerlo dentro del barco. Entonces, lo amarró junto al barco y comenzó el viaje de regreso, pero la sangre que salía de las heridas del pez atrajo a los tiburones. Al ver que atacaban a su pesca, el viejo decidió enfrentar a los tiburones. Con los remos y un cuchillo logró matar a algunos, pero el número era cada vez mayor y la fuerza de los tiburones pronto terminó con el enorme pez. El viejo llegó a la playa solo con el esqueleto y muy cansado.

Vivimos en una época llena de temores y pruebas. Vivir no es fácil. Cada día tenemos una lucha nueva. Nos sentimos felices por los peces pescados que a veces no llegan a tierra firme. Estamos en medio de los tiburones que buscan destruir lo que logramos con tanta dificultad.

La Biblia nos advierte en cuanto a la influencia y la actuación de Satanás en nuestra vida comparándolo a un león. En 1 Pedro 5:8 y 9, encontramos la siguiente advertencia:

“Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo”.

Promesa de liberación

En su lucha contra Dios, el diablo está preocupado en destruir todo lo que le pertenece a Dios, incluyendo la naturaleza de las criaturas.

En su primera carta, el apóstol Juan, el mismo autor del Apocalipsis, nos dice que:

“El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo” (1 Juan 3:8).

El mismo capítulo 3 de 1 Juan, en el versículo 4, explica qué es el pecado:

“Todo aquel que comete pecado, infringe también la ley; pues el pecado es infracción de la ley”.

El pecado existe porque existe la ley. Si la ley hubiera sido abolida, como dicen algunas personas, significaría que el pecado no existiría más. Pero es fácil estar seguros de que el pecado continúa existiendo.

Basta mirar el mundo que nos rodea y comprobar que transgredir algunos principios produce dolor y sufrimiento a los seres humanos.

Jesús no vino a la Tierra para cambiar la ley. Jesús le demostró al Universo que es posible guardar la Ley de Dios. Es obedeciéndola que tenemos protección contra los tiburones o el león que anda a nuestro alrededor siempre listo para destruirnos.

Cuando la persona acepta recibir a Jesús en su vida, recibe de él la salvación, y entonces, debe vivir de acuerdo con la voluntad de Dios.

Esa característica queda clara cuando el Apocalipsis declara que el pueblo de Dios en la Tierra tiene dos características. Acompáñenme en la lectura de Apocalipsis 12:17:

“Entonces el dragón se llenó de ira contra la mujer; y se fue a hacer guerra contra el resto de la descendencia de ella, los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo”.

Promesa de recompensa

Satanás odia a Dios y su Ley, porque es la expresión del carácter de Dios. Por eso, quien vive en contra de la ley de Dios está reproduciendo la conducta de Satanás.

Jesús dijo: “Si me amáis, guardad mis mandamientos” (Juan 14:15).

Al guardar los mandamientos, demostramos nuestra identificación con Cristo. Y al momento de la prueba, la promesa de Jesús se hace más dulce. Eso explica por qué el diablo ataca a los que son fieles a Jesús.

En Apocalipsis 2:10, Jesús nos promete: “[...] Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida”.

Este es el mayor plan de Dios para usted: la vida eterna. Al comprender que Dios espera obediencia a su ley, debemos dar otro paso:

“Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos? Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo” (Hechos 2:37, 38).

El arrepentimiento representa un cambio de vida y el bautismo significa eso.

Promesa de gracia

Note que, hasta las promesas de castigo del Apocalipsis, que algunos pueden considerar negativas, revelan el amor de Dios, cuya voluntad es conducir a cada ser humano al arrepentimiento. Las reprensiones y castigos prometidos por Dios tienen como objetivo corregir y curar, porque él nos ama y sabe que sin arrepentimiento no puede haber perdón.

La salvación llega a los seres humanos por gracia.

Un hombre que llegó atrasado a un encuentro con un evangelista le preguntó en la puerta: “¿Qué tengo que hacer para ser salvo?”.

El experimentado evangelista le dijo: “Usted llegó atrasado”.

-Lo sé, dijo el hombre afligido. Pero necesito saberlo.

-Ya le dije, usted llegó atrasado, no fueron algunos minutos sino dos mil años, porque lo que tenía que ser hecho para su salvación ya fue hecho en la cruz.

Al final del libro de Apocalipsis, encontramos una invitación:

“El Espíritu y la Esposa dicen: ‘Ven’. Y el que oye, diga: ‘Ven’. Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente” (Apocalipsis 22:17).

La justicia de Jesús, que él pone sobre cada ser humano que no es justo, está representada en el Apocalipsis por ropa y vestimenta. Los que acompañan a Jesús están vestidos de ropa blanca, que fue lavada por la sangre de Jesús. Aquí, la figura del lenguaje demuestra que, solo por medio de la sangre de Jesús, los salvos tienen el derecho de usar una ropa que representa la pureza.

El arrepentimiento y la fe deben estar acompañados de un cambio. En Hechos 3:19, encontramos:

“Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados”.

Promesa de justicia

La paciencia de Dios tiene límites, para beneficio de todo el universo. Si no hay conversión, arrepentimiento y cambio de rumbo, tendrá que haber castigo. El libro de Apocalipsis nos dice que caerán siete plagas sobre el mundo, y ni así todas las personas se arrepentirán de sus pecados.

Jesús afirma:

“El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. El que venciere, no sufrirá daño de la segunda muerte” (Apocalipsis 2:11).

Historia ilustrativa: “Promesa de amor”

Se cuenta que había un violinista muy pobre que tenía un violín con un sonido maravilloso. Cuando alguien le preguntó cuál era el secreto de la delicadeza del sonido del violín, él tomó cariñosamente el violín en sus brazos mientras decía: “Debe haber entrado mucha luz del Sol en esta madera, y ahora sale lo que entró”.

El músico tenía una fuerte relación con su violín y sus palabras mostraban lo que él vivía. Lo que usted recibe de bueno en su corazón, rebosa en su vida en contacto con otras personas.

Así debe ser con nosotros. A medida que el amor de Dios entra en nuestra vida, lo mínimo que podemos hacer es permitir que nuestra mente y corazón estén en dirección al cielo, traducido en dulce melodía de obediencia.

Eso es lo que el Señor espera de nosotros. Una respuesta de amor por el gran amor que él tiene por cada ser humano.

Conclusión

Un día, Jesús se encontró con un joven que poseía muchas riquezas. Quería ser salvo y Jesús le dijo:

“[...] Si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos” (Mateo 19:17).

La consecuencia de la salvación es la obediencia y la consecuencia de la obediencia es la salvación. El Apocalipsis revela que el código moral de los que serán salvos por gracia debe ser la obediencia a la ley de los Diez Mandamientos.

Usted tiene ante sus ojos y sus pies dos caminos para recorrer. El de la obediencia a Dios o el de la desobediencia. Y aunque usted no esté obligado a seguir uno u otro, debe elegir por qué camino andará. Dios le dio plena libertad, pero la elección es suya.

Llamado

Los llamados bíblicos y las promesas le muestran que Dios lo llama para que sea un hijo obediente, que anda en los caminos de la Biblia y de los Diez Mandamientos. Decida ahora qué camino seguirá. Por medio de Moisés, Dios nos transmite un mensaje maravilloso:

“A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia” (Deuteronomio 30:19). ¡Elegir a Jesús es elegir la vida!

Haga en este momento un trato con Dios. Decida vivir feliz y en paz con él. Eso hará toda la diferencia en su vida.

Oración de entrega

Oremos: Señor, ayuda a este hijo tuyo a serte fiel. Existen muchos caminos y peligros que este mundo pone delante de nosotros. Tenemos un enemigo listo para hacernos sufrir, pero queremos tomar tus manos y sentir así la protección que viene de ti en nuestra vida. Bendice la decisión que acabamos de tomar. En el nombre de Jesús, amén.

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