Un regalo para el tiempo del fin

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Audrey Andersson

Un anuncio realizado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) con respecto a un misterioso virus relacionado a la neumonía en Wuhan el 9 de enero de 2020 no fue considerado importante. Cuando el 23 de enero, el gobierno chino tomó la decisión sin precedentes de aislar a la población de Wuhan y de restringir el acceso a Huanggang, 30 millas al este, colocando efectivamente a 18 millones de personas en cuarentena, casi nadie fuera de China lo consideró importante. Era una cepa de gripe más que parecía ser un poco más grave, pero nada por lo cual preocuparse. El 31 de enero, la OMS emitió una emergencia sanitaria global cuando el virus empezó a propagarse exponencialmente. Para el 2 de febrero, 2 países habían limitado el tráfico aéreo hacia y desde China. El COVID-19 fue declarado pandemia el 11 de marzo de 2020, cuando Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS, y su equipo expresaron su profunda preocupación acerca de “los alarmantes niveles de propagación del brote”, agregando que había “alarmantes niveles de inacción” frente a la pandemia.

El mundo despertó. De pronto, ya no era posible ir físicamente a la oficina. Ir a hacer las compras se convirtió en una acción de riesgo y, en muchos lugares, las iglesias cerraron. Durante los siguientes dos años aprendimos nuevo vocabulario: distanciamiento social, asintomático, test PCR, transmisión por microgotas, y autoaislamiento por nombrar algunos términos. Aprendimos nuevos patrones de comportamiento: usar mascarilla en lugares públicos y usar tecnología como Zoom. Los servicios de las iglesias pasaron al formato on-line. Parecía que el mundo estaba de cabeza.

La velocidad de los cambios combinada con la conformidad y la aceptación de las restricciones globales al libre movimiento por parte de la mayoría en casi todos los países llevó a algunos a preguntarse: ¿es esta una de las plagas de Apocalipsis? ¿Es el tiempo del fin? 
A medida que la pandemia se fue desarrollando, también lo hizo la información más precisa, y al mismo tiempo, las noticias falsas y las teorías de la conspiración abundaron. Saber en quién confiar y a quién creerle era y continúa siendo difícil.

En tiempos de incertidumbre, llega la pregunta: ¿En qué y en quién se puede confiar? 
Sabemos que habrá muchas crisis en el tiempo del fin. Parecerá que el mundo se está desmoronando. Mirando a través de los siglos, Lucas registró a Jesús al describir este tiempo. Él vio que “los hombres quedarán sin aliento por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra, porque las potencias de los cielos serán conmovidas” (Lucas 21:26, RVR 1995). Sin embargo, el Señor no dejó que su pueblo enfrentara estas cosas solo. Su Palabra, la Biblia, proporciona la fuente de claridad y consuelo. Además, los adventistas del séptimo día hemos sido bendecidos con los escritos de Elena White.

Un regalo para el fin de los tiempos

Cuando el pecado entró en el mundo, el plan de rescate divino entró en vigor. Inmediatamente, se dio la promesa de un Salvador (Génesis 3:15). Se ofreció esperanza, consuelo y una solución. A través de las edades, Dios ha hablado a través de sus mensajeros, los profetas, para traer esperanza y consuelo en las dificultades presentes, pero también señalando hacia el futuro, señalando el camino a seguir. Como dice Amós: “…no hará nada Jehová el Señor, sin que revele su secreto a sus siervos los profetas” (Amós 3:7).

Durante el Pentecostés, Pedro, citando al profeta Joel (Joel 2:28), aplicó la promesa de que el Espíritu sería derramado. Una evidencia era que “profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones”, una promesa profética que también se aplica a los últimos días, los días antes del regreso de Jesús (Hechos 2: 17-21).

Después del gran chasco de 1844, cuando los que habían esperado y creído que Jesús volvería lucharon por comprender lo que había ocurrido, una vez más el don de profecía fue dado, esta vez a una joven llamada Elena Harmon, después conocida como Elena de White. Su ministerio fue multifacético. El impacto inicial de su trabajo fue particularmente significativo en tres áreas
1. Proporcionar orientaciones, 
2. Consejos prácticos y 
3. Ser una fuente de unidad para el incipiente movimiento.

1. Orientación para el movimiento adventista

Las visiones de Elena de White no descubrieron verdades bíblicas, sino que confirmaron las verdades que los creyentes adventistas descubrieron
Por ejemplo, la importancia del día de reposo del séptimo día fue introducida a los creyentes adventistas en 1843 en Washington, New Hampshire, por Rachel Oakes. Esto llevó a un ministro adventista, T. M. Prebble, a escribir acerca del día de reposo en The Hope of Israel [La esperanza de Israel], una publicación adventista de ese tiempo. Este artículo fue leído por Joseph Bates, quien luego de estudiar el tema, se convenció de la verdad del sábado. Compartió su convicción con Jaime y Elena White, quienes también aceptaron el sábado. Después de guardar el sábado durante siete meses, Elena White tuvo una visión que le confirmó la importancia del día de reposo.

Al explicar la historia de la salvación, con base en su estudio de la Biblia y cómo le fue mostrado en visión, Elena White escribió acerca del conflicto cósmico entre Jesús y Satanás. Ella arroja luz sobre lo que ocurrirá cuando Jesús vuelva al final de los tiempos. El libro El conflicto de los siglos es la explicación más clara y amplia y, al acercarnos a la segunda venida, se hace más precioso, no como una lista de cosas que tienen que pasar, sino como una fuente de consuelo y esperanza de que el mal y la maldad que vemos a nuestro alrededor no durarán para siempre, ni quedarán sin castigo. Dios es un Dios de amor y está volviendo para poner un fin al sufrimiento, la separación y el pecado.

2. Consejos prácticos

Durante su vida, Elena White proporcionó consejo y orientación a la iglesia y los individuos, orientación que hoy sigue siendo muy relevante. Algunos de sus consejos individuales pueden ser encontrados en los nueve volúmenes de Testimonios para la iglesia y en el recientemente publicado Cartas y manuscritos.

Siguiendo su primera gran visión sobre salud en 1863, ella comenzó a compartir las verdades que se le mostraban. Con el paso de los años, la ciencia médica ha confirmado vez tras vez que los consejos de salud son precisos y de mucho beneficio. Si seguimos sus orientaciones y consejos hoy, tendrán el mismo efecto. Seremos más sanos y tendremos una mejor calidad de vida.

Elena White fomentó el establecimiento del trabajo de las publicaciones después de una visión en Dorchester en 1848. Después, instruyó a su esposo, Jaime White, “Debes comenzar a publicar una revistita y mandarla a la gente. Sea pequeña al principio; pero a medida que la gente la lea, te mandará recursos con que imprimirla, y tendrá éxito desde el principio. Se me mostró que de este humilde comienzo procedían raudales de luz que circuían el mundo” (PE, 22).
Jaime White siguió la visión de su esposa y hoy hay muchas casas publicadoras adventistas que aún cumplen la misión. Solo en el reino vamos a conocer el impacto total de esta visión y de toda la literatura que ha sido impresa y distribuida, por no mencionar la distribución digital a través de Internet y de otros medios electrónicos.

3. Unidad

Después del gran chasco de 1844, cuando Jesús no regresó como era esperado, el movimiento millerita se hizo añicos. Algunos rechazaron la experiencia como una desilusión, burlándose de ellos mismos por haber sido engañados por esas enseñanzas. Otros volvieron a sus iglesias anteriores, y algunos formaron lo que se transformó en la Iglesia Adventista del Séptimo Día.

En ese momento, como ahora, la iglesia estaba compuesta por personas de diferentes trasfondos religiosos, experiencias y temperamentos. Dentro y fuera de la iglesia los desacuerdos pueden ocurrir, sin embargo, Elena White sostiene el ideal cristiano y muestra que, para el verdadero discípulo, la unidad no es opcional, sino una señal de nuestra relación con Cristo:

La unidad que existe entre Cristo y sus discípulos no destruye la personalidad de uno ni otro. Son uno en mente, propósito y carácter, pero no en persona. El hombre, al someterse a la ley de Dios y participar de su Espíritu, llega a ser participante de la naturaleza divina. Cristo conduce a sus discípulos a una unión viva consigo mismo y con el Padre. El hombre se completa en Cristo Jesús mediante la obra del Espíritu Santo en su mente. La unidad con Cristo establece un vínculo de unión de los unos con los otros. Esta unidad es para el mundo la prueba más convincente de la majestad y la virtud de Cristo, y de su poder para quitar el pecado” (Dios nos cuida, p. 35).

Este tipo de unidad será visible en nuestras actitudes y acciones hacia otros, al servir y animarlos: “Cada verdadero discípulo nace en el reino de Dios como misionero. El que bebe del agua viva, llega a ser una fuente de vida” (DTG, 166). 
Ella también escribió que “Los seguidores de Cristo deben unirse para poder fortalecerse unos a otros en la vida divina”. Estos mensajes son de igual o mayor importancia hoy, pues nosotros, como familia de la iglesia, a veces luchamos para entender todo lo que está pasando en el mundo a nuestro alrededor. Podemos no siempre estar de acuerdo, pero cuando nos fortalecemos unos a otros en el amor cristiano, toda la iglesia se hace más fuerte.

Las orientaciones proféticas, los consejos y la unidad siguen siendo importantes, pero cuanto más cerca estamos de la segunda venida, los escritos de Elena White nos dan consuelo y valentía al enfrentar situaciones atemorizantes, sin precedentes y en constante cambio. Ella proporciona consejos prácticos sobre cómo deberíamos prepararnos. Si seguimos este consejo, no importa lo que suceda, no vamos a desanimarnos, sino que miraremos al Señor con esperanza y confianza.

Preparación espiritual

Discernimiento

Debemos concentrarnos en desarrollar el discernimiento espiritual para no ser engañados por las falsas “verdades” del evangelio. Cosas que suenan bien, que tal vez, incluso parecen correctas, pero tienen un poco de error mezclado allí, y es difícil de discernirlo si no estudiamos cuidadosamente la Palabra de Dios. Hay cosas que resuenan con las últimas tendencias sociales y que no parecen “tan malas”; sin embargo, cuando se las mira a través de la lente de la Palabra de Dios, van contra la enseñanza bíblica. La preparación espiritual nos ayuda a ver las cosas desde la perspectiva divina, dándonos discernimiento y una mejor comprensión de su amor.

Necesitamos una mejor comprensión de nuestra propia pecaminosidad y de la respuesta divina. Dios preparó una solución antes de que Adán y Eva hubieran probado el fruto prohibido en el Jardín del Edén. ¡Dios tenía un plan para rescatar a la humanidad! El plan tenía como base que Cristo tomara nuestro lugar y castigo. Elena de White capturó el significado del sacrificio de Cristo, cuando escribió: 
Cristo fue tratado como nosotros merecemos a fin de que nosotros pudiésemos ser tratados como él merece. Fue condenado por nuestros pecados, en los que no había participado, a fin de que nosotros pudiésemos ser justificados por su justicia, en la cual no habíamos participado” (DTG, 16). 
La perspectiva cambia todo, colocando el amor de Dios al frente y exponiendo los engaños de Satanás por lo que son.

Desarrollando confianza

Cuando enfrentamos crisis, nos volvemos hacia la familia y amigos en los que confiamos. Una tendencia consistente a través de sus escritos es la necesidad de pasar tiempo haciendo crecer y desarrollando nuestra amistad con Dios. Él es nuestro Padre celestial, y sin importar cuan buenas o quebrantadas sean nuestras relaciones con nuestra familia terrenal, necesitamos construir una relación con nuestro Padre celestial. Si no lo hacemos ahora, vamos a tener dificultades cuando se desarrollen los eventos finales. Es difícil confiar en alguien a quien uno no conoce. La confianza se construye con el tiempo y acciones consistentes. Podemos ser inconsistentes, pero como dice Pablo en Hebreos 13:8: “Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos”.

Todas las relaciones comienzan con un pequeño paso. Para el cristiano, es cuando rinde conscientemente su vida al control de Dios. Suena como un gran paso, pero es como abrir una puerta a la relación más maravillosa que podamos imaginarnos. 
Elena White expresa el peligro y la pérdida si solo prestamos servicio de la boca para afuera a la idea de rendirnos, pero de hecho no lo hacemos: “Hay muchos que creen y profesan aferrarse a la promesa del Señor; hablan acerca de Cristo y acerca del Espíritu Santo, y sin embargo no reciben beneficio alguno. No entregan su alma para que sea guiada y regida por los agentes divinos” (DTG, 626).

Dios nos habla por medio de su Palabra. El suyo es un mensaje que no cambia, un mensaje de amor que es consistente y constante. Un amor que es tan completo y a la vez tan incomprensible, que continuaremos estudiándolo a través de las edades de la eternidad y aun así nunca lo entenderemos completamente. 

“Tal amor es incomparable. ¡Que podamos ser hijos del Rey celestial! ¡Promesa preciosa! ¡Tema digno de la más profunda meditación! ¡Incomparable amor de Dios para con un mundo que no le amaba! Este pensamiento ejerce un poder subyugador que somete el entendimiento a la voluntad de Dios. Cuanto más estudiamos el carácter divino a la luz de la cruz, mejor vemos la misericordia, la ternura y el perdón unidos a la equidad y la justicia, y más claramente discernimos las pruebas innumerables de un amor infinito y de una tierna piedad que sobrepuja la ardiente simpatía y los anhelosos sentimientos de la madre para con su hijo extraviado” (CC, 15).

Como cualquier relación buena y sana, nuestra relación con Dios no es unilateral. Dios nos habla a través de su Palabra, a través de la naturaleza, y de muchas otras formas, incluyendo los escritos de Elena White, pero Dios se deleita cuando nuestras interacciones con su Palabra nos llevan a hablar con él.

Oración

Elena White describe la oración como 
“El acto de abrir nuestro corazón a Dios como a un amigo. No es que se necesite esto para que Dios sepa lo que somos, sino a fin de capacitarnos para recibirle. La oración no baja a Dios hacia nosotros, antes bien nos eleva a él” (CC, 93). 
Estos intercambios desarrollan la confianza en uno mismo y construyen la confianza en Dios, “creer que nos ama y sabe mejor qué es lo que nos conviene” (Ed, 253). La fe y la confianza crecen con el tiempo. Al traer las pequeñas cosas cotidianas a Dios, él nos sustentará en tiempos de crisis.

Un ejemplo se encuentra en la vida de Joseph Bates, uno de los primeros pioneros adventistas. En 1846, cuando Bates estaba inmerso en la escritura de su libro sobre el sábado, su esposa vino y le dijo que necesitaba 2 kilos de harina. Bates compró la harina y la dejó en la mesa de la cocina. Cuando su esposa le preguntó de dónde había salido la harina, él le dijo que la había comprado con el último dinero que le quedaba. Ella estaba devastada. Si bien sabía que él había estado usando su fortuna para difundir el mensaje del pronto regreso de Jesús, no había pensado que sus recursos se habían terminado. Más tarde ese día, Bates sintió la impresión de ir a la oficina de correos. Allí había una carta para él, pero tenía que pagar un valor porque no tenía estampilla. El jefe de correos estaba dispuesto a darle la carta a Bates y dejar que se lo pagara otro día. Bates dijo que no, pero le pidió al jefe de correos que abriera la carta. Dentro había 10 dólares.

Entonces, Bates le dijo al jefe de correos que tomara los gastos de envío y después ordenó sustanciales provisiones para que se las llevaran a su casa. Él pidió que no le contaran a su esposa sobre su procedencia. Luego, cuando su esposa le contó de las provisiones que habían llegado, él le contó lo sucedido. Bates había aprendido a confiar en el Señor durante un periodo de tiempo, y el Señor no falló. El mismo principio se aplica a nuestras vidas. Al aprender a confiar en el Señor, a hablar con él y compartir nuestras necesidades y deseos, él los suplirá de formas maravillosas.

Al mirar hacia el futuro, al tiempo del fin, Elena White escribió: 

“Los que solo ejercitan poca fe, están en mayor peligro de caer bajo el dominio de los engaños satánicos y del decreto que violentará las conciencias. Y aun en caso de soportar la prueba, en el tiempo de angustia se verán sumidos en mayor aflicción porque no se habrán acostumbrado a confiar en Dios. Las lecciones de fe que hayan descuidado tendrán que aprenderlas bajo el terrible peso del desaliento. Deberíamos aprender ahora a conocer a Dios, poniendo a prueba sus promesas. Los ángeles toman nota de cada oración ferviente y sincera. Sería mejor sacrificar nuestros propios gustos antes que descuidar la comunión con Dios. La mayor pobreza y la más absoluta abnegación, con la aprobación divina, valen más que las riquezas, los honores, las comodidades y amistades sin ella. Debemos darnos tiempo para orar” (CS, 606).

Esperanza y confianza

Dios es amor. En su amor, nos ha proporcionado abundante evidencia de ello y su habilidad de salvarnos, a pesar de que Satanás afirma lo contrario. Cuando entendemos eso, podemos entender completamente nuestra necesidad y dependencia de Dios. Con esa dependencia viene el maravilloso consuelo de que Dios no es un Dios que está limitado por nuestras perspectivas y miedos humanos. Dios es un Dios de abundancia y bendición. Él nos ayudará y nos guiará, y con él, ninguna situación es demasiado difícil. Tener esa seguridad significa que, aunque el mundo esté en la confusión, podemos estar en calma y con confianza, sabiendo que Dios no solo prometió que está preparándonos un hogar eterno (Juan 14:1-3), sino que también se preocupa por nuestros desafíos actuales: 

“Nuestro Padre celestial tiene, para proveernos de lo que necesitamos, mil maneras de las cuales no sabemos nada. Los que aceptan el principio de dar al servicio y la honra de Dios el lugar supremo, verán desvanecerse las perplejidades y percibirán una clara senda delante de sus pies” (DTG, 297).

Aunque tenemos tiempo y relativa paz, tomémonos el tiempo para desarrollar nuestra relación con nuestro Dios amante, nuestro Padre y amigo, para poder enfrentar lo que sea que nos aguarde en el futuro con confianza y valentía. Entonces podremos hacernos eco de la respuesta de Pablo a la promesa del Señor: “…porque él dijo: ‘No te desampararé, ni te dejaré’; de manera que podemos decir confiadamente: ‘El Señor es mi ayudador; no temeré lo que me pueda hacer el hombre’” (Hebreos 13:5, 6).

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