«Al día siguiente Juan vio a Jesús que venía hacia él, y dijo: “¡Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!”» (Juan 1: 29).
Uno de los principales problemas de algunas interpretaciones modernas de la profecía bíblica es que no reconocen que las raíces de esta se encuentran en la revelación previa del Antiguo Testamento. En el caso del Apocalipsis, por ejemplo, Juan da por sentado que su público original conoce el Antiguo Testamento y, en consecuencia, utiliza conceptos que son familiares para su audiencia.
Aunque es útil buscar en toda la Biblia los pasajes relacionados con el texto que se estudia en Apocalipsis, hay documentos bíblicos más relevantes que otros y fundamentales para entender mejor el libro. Esto es especialmente cierto en el caso del Génesis, que expone el camino por el que nuestro mundo descendió al caos del pecado. Casi todos los conceptos clave mencionados en el Apocalipsis aparecen de alguna forma en los primeros capítulos de la Biblia.
Hoy estudiaremos algunos grandes conceptos que constituyen el núcleo del Apocalipsis. Comprender los fundamentos bíblicos del Apocalipsis nos permite ver innumerables matices en el texto, cada uno de los cuales puede aportar importantes lecciones acerca de la naturaleza de la humanidad, de Dios y del conflicto que se libra en nuestro universo y, por lo tanto, también en nuestra vida.
I. EL PRINCIPIO DE LA PRIMERA MENCIÓN
La mayoría de los programas académicos comienza con un curso general que cubre principios amplios y básicos que formarán la base para el estudio posterior a medida que se profundiza en el tema. Del mismo modo, cuando se lee toda la Biblia, se descubre rápidamente que Dios también tiene un curso general de estudio contenido en el libro de Génesis, donde introduce ideas que serán examinadas más detalladamente en el resto de la Biblia.
En términos generales, la primera vez que se menciona un concepto o símbolo en la Biblia, sobre todo si esto ocurre en los primeros capítulos de Génesis, se establece allí una comprensión general de ese concepto para ayudarnos a entender cómo se utiliza más adelante.
Algunos estudiosos de la Biblia se refieren a esto como «la ley de la primera mención», aunque sería más apropiado etiquetarla como un principio (o un patrón), pues no es férrea y hay muchas excepciones a esa regla. El patrón que parece emerger del estudio general de la Biblia y de la profecía bíblica es que Dios instruye gradual y progresivamente a sus hijos entregándoles información a lo largo del tiempo y a partir de un concepto básico que es ampliado numerosas veces a lo largo de los años o incluso de los siglos.
“ La hierba se seca, y la flor se marchita, porque el viento de Jehová sopló en ella; ciertamente como hierba es el pueblo. Sécase la hierba, marchítase la flor; mas la palabra del Dios nuestro permanece para siempre”. Isaías 40:7, 8.
“Porque yo Jehová no cambio; por esto, hijos de Jacob, no habéis sido consumidos”. Malaquías 3:6.
“Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos”. Hebreos 13:8.
¿Qué principio puedes deducir de estos textos para anclar en él tu estudio de las profecías?
Gran parte del mundo moderno habla de «veracidad», no de «verdad», pues supone que la «verdad» es algo que puede cambiar con el tiempo. En algunos casos, el concepto mismo de «verdad» es visto con suspicacia.
Sin embargo, cuando Dios establece la verdad no cambia de opinión. Una vez que comienza a enseñar la verdad a su pueblo, podemos contar con que las sucesivas repeticiones del mismo principio o tema bíblico no cambian de significado, sino que, por el contrario, arrojan más luz acerca de ese significado. Por lo tanto, al estudiar la profecía, tiene mucho sentido comprender adecuadamente el libro de Génesis, donde se explican por primera vez muchos conceptos clave que luego servirán al explorar el resto de la Biblia.
¿Por qué es tan importante que no permitamos que nada ni nadie, por convincente o lógico que sea, debilite nuestra fe en la Biblia y en las verdades infalibles que enseña? ¿De qué maneras, incluso sutiles, puede producirse este debilitamiento?
II. LA COMPRENSIÓN DEL AMOR DE DIOS
El hecho de haber heredado una naturaleza pecaminosa significa, entre otras cosas, que nuestra percepción del universo está contaminada por nuestras propensiones al egoísmo y el orgullo. Vemos el mundo desde nuestra óptica limitada y no desde la perspectiva omnisciente de Dios. Quizá ningún concepto haya sido tan distorsionado por la pecaminosidad humana como el del amor. La cultura popular tiende a promover una comprensión del amor que se centra en la realización personal y no en el bienestar de los demás. Este enfoque egocéntrico del tema hace que nos resulte difícil percibir cómo Dios entiende el amor.
Comprender la naturaleza del amor es una clave importante para entender la profecía bíblica. Uno de los temas cruciales del Gran Conflicto es la distorsión en la comprensión humana del carácter de Dios. En tal sentido, Elena G. de White concluye su libro El conflicto de los siglos con las siguientes palabras: «El gran conflicto ha terminado. Ya no hay más pecado ni pecadores. Todo el universo está purificado. La misma pulsación de armonía y de gozo late en toda la creación. De Aquel que todo lo creó manan vida, luz y contentamiento por toda la extensión del espacio infinito. Desde el átomo más imperceptible hasta el mundo más vasto, todas las cosas animadas e inanimadas, declaran en su belleza sin mácula y en júbilo perfecto, que Dios es amor» (CS, 657).
Lee Génesis 22:1-13. El amor es mencionado por primera vez en Génesis 22:2. ¿Qué nos enseña esta historia acerca de la naturaleza del amor divino?
Además de la primera mención de un concepto en la Biblia, puede ser útil encontrar la primera referencia a ese mismo concepto en determinados libros, especialmente en los Evangelios. La primera referencia al amor en los Evangelios se encuentra en Mateo 3:17; Marcos 1:11; Lucas 3:22 y Juan 3:16 respectivamente.
La primera mención del amor en el Evangelio de Juan (Juan 3:16) es particularmente esclarecedora, pues parece aludir a la historia de Isaac sobre el altar. La fe de Abraham en Dios era tal que confió en que Dios podría resucitar a su hijo si llevaba a cabo el sacrificio (Hebreos 11:19). Esto ilustró el amor de Dios por la humanidad, ya que él nos amó hasta el punto de dar a su Hijo unigénito (ver Génesis 22:2, 12, 16), tras lo cual lo resucitó de entre los muertos. El sacrificio de Cristo en la Cruz revela el tipo de amor abnegado que Dios siente por nosotros.
¿Cómo podemos manifestar a los demás el amor abnegado que Dios siente por nosotros? ¿Por qué es ese tipo de amor tan importante para nosotros?
III. LA PREGUNTA DE ISAAC
La primera mención bíblica de un cordero aparece en Génesis 22; es decir, en la misma historia que menciona por primera vez el amor. El cordero es uno de los símbolos más recurrentes del Apocalipsis, donde Jesús es llamado «Cordero» más de veinte veces. En una de las escenas más impactantes del libro, la visita de Juan a la sala del Trono de Dios en los capítulos 4 y 5, el Cordero desempeña el papel central.
“ Entonces habló Isaac a Abraham su padre, y dijo: Padre mío. Y él respondió: Heme aquí, mi hijo. Y él dijo: He aquí el fuego y la leña; mas ¿dónde está el cordero para el holocausto? Y respondió Abraham: Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío. E iban juntos”. Génesis 22:7, 8.
“ Hablad a toda la congregación de Israel, diciendo: En el diez de este mes tómese cada uno un cordero según las familias de los padres, un cordero por familia.4 Mas si la familia fuere tan pequeña que no baste para comer el cordero, entonces él y su vecino inmediato a su casa tomarán uno según el número de las personas; conforme al comer de cada hombre, haréis la cuenta sobre el cordero. 5 El animal será sin defecto, macho de un año; lo tomaréis de las ovejas o de las cabras. 6 Y lo guardaréis hasta el día catorce de este mes, y lo inmolará toda la congregación del pueblo de Israel entre las dos tardes. 7 Y tomarán de la sangre, y la pondrán en los dos postes y en el dintel de las casas en que lo han de comer. 8 Y aquella noche comerán la carne asada al fuego, y panes sin levadura; con hierbas amargas lo comerán. 9 Ninguna cosa comeréis de él cruda, ni cocida en agua, sino asada al fuego; su cabeza con sus pies y sus entrañas. 10 Ninguna cosa dejaréis de él hasta la mañana; y lo que quedare hasta la mañana, lo quemaréis en el fuego. 11 Y lo comeréis así: ceñidos vuestros lomos, vuestro calzado en vuestros pies, y vuestro bordón en vuestra mano; y lo comeréis apresuradamente; es la Pascua de Jehová. 12 Pues yo pasaré aquella noche por la tierra de Egipto, y heriré a todo primogénito en la tierra de Egipto, así de los hombres como de las bestias; y ejecutaré mis juicios en todos los dioses de Egipto. Yo Jehová.13 Y la sangre os será por señal en las casas donde vosotros estéis; y veré la sangre y pasaré de vosotros, y no habrá en vosotros plaga de mortandad cuando hiera la tierra de Egipto”. Éxodo 12:3-13.
“ Y uno de los ancianos me dijo: No llores. He aquí que el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos.
6 Y miré, y vi que en medio del trono y de los cuatro seres vivientes, y en medio de los ancianos, estaba en pie un Cordero como inmolado, que tenía siete cuernos, y siete ojos,los cuales son los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra. 7 Y vino, y tomó el libro de la mano derecha del que estaba sentado en el trono. 8 Y cuando hubo tomado el libro, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero; todos tenían arpas, y copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los santos;9 y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; 10 y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra”. Apocalipsis 5:5-10.
¿Cómo nos ayuda la historia del casi sacrificio de Isaac a entender el uso simbólico de los corderos? ¿Cómo se relaciona esta historia con lo que Juan ve en Apocalipsis 5?
La primera mención de un cordero en la Biblia aparece en la pregunta de Isaac: «¿Dónde está el cordero?» (Génesis 22:7). Curiosamente, el resto de la Biblia responde esa pregunta con lujo de detalles. Los otros 38 libros del Antiguo Testamento conducen al lector por un camino en el que la pregunta de Isaac es respondida progresivamente con más y más detalles, desde los rituales de la Pascua hasta el primer trabajo de David y en adelante. Toda la historia bíblica está salpicada de innumerables profecías mesiánicas que anticipan la respuesta a la pregunta de Isaac. Luego, en el Nuevo Testamento, la pregunta es respondida cuando Jesús aparece en persona, ministra entre su pueblo y entrega finalmente su vida como sacrificio en la Cruz.
Veamos la primera mención de un cordero en el Evangelio de Juan (Juan 1:29-34). Daría la impresión de que Juan el Bautista estuviera respondiendo la pregunta de Isaac en un escenario que no podría ser más apropiado. Los pecadores se arrepienten y se sumergen en el agua del bautismo, que simboliza la muerte del pecador y el comienzo de una nueva vida. En este contexto, Jesús, el Cordero de Dios, aparece súbitamente y, según el relato de Mateo, los cielos se abren para anunciarlo: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco» (Mateo 3:17). En el caso de Abraham e Isaac, la voz del Ángel del Señor anuncia también desde el cielo la solución divina para su problema (Génesis 22:11-14).
Cuando se entretejen todos los hilos, queda claro que Jesús, el Cordero de Dios, es nuestro Sustituto. Eso arroja mucha luz sobre nuestra comprensión del Cordero inmolado en la visión de Juan del Trono en Apocalipsis.
¿Por qué es fundamental para nuestra salvación saber que Jesús es nuestro Sustituto?
¿Qué esperanza tendríamos sin él como Sustituto, especialmente en ocasión del Juicio?
IV. LA MUERTE
Quizás el aspecto más cruel de vivir en un mundo separado de su Creador sea la forma en que la muerte acecha en el trasfondo de cada vida, lista para atacar en cualquier momento. Es la «paga del pecado», la consecuencia de habernos desconectado de nuestro Creador, la única Fuente de vida del universo. Como tal, el pecado desempeña un papel fundamental en la profecía bíblica, tanto por su realidad como, lo que es aún más importante, por su solución, que solo se encuentra en Jesús, en su muerte y su resurrección.
Tanto la primera mención de la muerte en la Biblia como su primera aparición arrojan mucha luz sobre este tema fundamental de la profecía, ya que nos ayudan a comprender la gravedad del problema del pecado y aportan importantes herramientas para entender la solución divina para este problema.
“ Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase. 16 Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; 17 mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás”. Génesis 2:15-17
“Y dijo Caín a su hermano Abel: Salgamos al campo. Y aconteció que estando ellos en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel, y lo mató. 9 Y Jehová dijo a Caín: ¿Dónde está Abel tu hermano? Y él respondió: No sé. ¿Soy yo acaso guarda de mi hermano? 10 Y él le dijo: ¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra. 11 Ahora, pues, maldito seas tú de la tierra, que abrió su boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano. 12 Cuando labres la tierra, no te volverá a dar su fuerza; errante y extranjero serás en la tierra. 13 Y dijo Caín a Jehová: Grande es mi castigo para ser soportado. 14 He aquí me echas hoy de la tierra, y de tu presencia me esconderé, y seré errante y extranjero en la tierra; y sucederá que cualquiera que me hallare, me matará. 15 Y le respondió Jehová: Ciertamente cualquiera que matare a Caín, siete veces será castigado. Entonces Jehová puso señal en Caín, para que no lo matase cualquiera que le hallara”. Génesis 4:8-15
“ Y somos hallados falsos testigos de Dios; porque hemos testificado de Dios que él resucitó a Cristo, al cual no resucitó, si en verdad los muertos no resucitan. 16 Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; 17 y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados. 18 Entonces también los que durmieron en Cristo perecieron. 19 Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres”. 1 Corintios 15:15-19;
“Y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades”. Apocalipsis 1:18.
¿Qué nos dicen estos pasajes (que incluyen la primera mención y aparición de la muerte) acerca de por qué mueren los seres humanos? ¿Cómo ve Dios la muerte y cuál es la solución divina para el problema?
A menudo decimos que «la muerte es parte de la vida». Eso no es así. La muerte es lo contrario de la vida, la pérdida de esta, un intruso que nunca debió formar parte de nuestra experiencia aquí. Aunque nos hayamos acostumbrado a la muerte, nuestros corazones siguen protestando enérgicamente cuando nos encontramos con ella, como si la humanidad toda aún se diera cuenta de que hay algo fundamentalmente erróneo en ella. Por muy dolorosa que la muerte resulte en general, hay casos en los que parece más trágica aún, como cuando muere un niño. En general, esperamos que los padres precedan a sus hijos en la muerte, y hemos llegado a aceptar esto como el orden normal de las cosas. Sin embargo, la primera muerte registrada en las Escrituras va en contra de esa norma aceptada. Antes de que Adán y Eva pasaran por la muerte, experimentaron la tragedia de esta cuando Abel, su hijo justo, fue asesinado por Caín, su malvado hermano. Esa fue sin duda una muerte particularmente injusta.
Piensa en Jesús, el justo asesinado por el injusto, como en el caso de Abel. ¿Qué muerte pudo ser más injusta que la de Cristo? ¿Qué otros paralelismos podríamos encontrar entre la muerte de Abel y la de Cristo en la Cruz? ¿Cómo puede ayudarnos la naturaleza de la muerte de Abel a entender por qué Jesús tiene «las llaves de la muerte y del sepulcro» y lo que Dios nos ofrece en él?
Si el problema de la muerte no fuera resuelto, ¿por qué sería nuestra vida inútil y sin sentido en última instancia? ¿Qué nos enseña este hecho acerca de cuán agradecidos debemos estar por lo que Jesús hizo por nosotros?
Durante la Segunda Guerra Mundial, un marinero que agonizaba en el Pacífico dijo al médico que lo atendía: «Soy huérfano, ¿quién se acordará de mí cuando muera?» El médico respondió: «Yo siempre me acordaré de ti». Por bien intencionadas que fueran las palabras de aquel médico, él también habría de morir tarde o temprano, al igual que el recuerdo del marinero huérfano. ¿Cómo nos ayuda este relato a percibir la futilidad e insignificancia de la vida humana si la muerte tiene la última palabra?
V. LA SERPIENTE
La adoración es un tema clave en Apocalipsis. El autor y promotor de los falsos sistemas de culto es identificado como «el dragón» (Apocalipsis 13:2-4), y la descripción de este querubín caído como una serpiente no es casual, sino que nos remite claramente al Jardín del Edén, donde una serpiente persuadió a Adán y a Eva para que lo siguieran en su rebelión contra el Creador.
Compara Génesis 3:1-5 con Apocalipsis 12:1-9. ¿Cuáles son algunos de los temas comunes a ambos relatos? ¿Cómo nos ayudan los detalles registrados en Génesis acerca de la serpiente a entender algunos de los temas que condujeron a la guerra celestial previa mencionada en Apocalipsis?
Hay dos relatos bíblicos en los que Satanás hace descarriar al mundo entero. Uno de ellos se encuentra en Génesis y tuvo lugar cuando solo existían dos personas. El otro está en Apocalipsis 12 y 13, donde Satanás es identificado como quien «engaña a todo el mundo» (Apocalipsis 12:9) y otorga poder a la bestia que sube del mar para que «toda la tierra» se maraville y la siga (Apocalipsis 13:2, 3). Uno de los temas de la profecía bíblica es la naturaleza inmutable del Gran Conflicto. El carácter y la Palabra de Dios no cambian, como tampoco lo hacen las ambiciones del Diablo.
Afortunadamente, puesto que la naturaleza del Gran Conflicto no cambia, y debido a que tenemos puntos de referencia claros en las profecías, los cristianos podemos evaluar las tendencias y reconocer dónde se encuentran las trampas espirituales. Dios siempre será quien es, al igual que el Diablo. Satanás puede usar mil disfraces, pero milenios de historia humana caída y el escenario profético descrito en el Apocalipsis demuestran que nunca se desvía de la estrategia que utilizó en el Edén. Dios nos ha prometido sabiduría y discernimiento (Santiago 1:5). Contamos además con la infalible guía de las Escrituras. En vista de todo ello, no necesitamos ser víctimas de los engaños del Diablo, aunque, desgraciadamente, muchos lo han sido y la mayoría lo será.
Piensa en cómo cambian la cultura y las normas sociales con el tiempo. Lo que antes era aceptable se convierte en inaceptable, y viceversa. Dado que los temas subyacentes y los actores del Gran Conflicto no cambian, ¿qué debería tener en cuenta un cristiano al examinar el cambiante panorama cultural? Por ejemplo, ¿dónde se pueden encontrar en la cultura actual las mentiras originales del diablo: «No morirán» y «serán como Dios»?
CONCLUSIÓN
Lee el capítulo titulado «El Apocalipsis» en las páginas 431 a 440 del libro Los hechos de los apóstoles, de Elena G. de White.
Muchas religiones mundiales tienen que ver simplemente con ideas y mitos inverificables, pero la religión cristiana está firmemente anclada en hechos históricos. La Biblia es el registro de la interacción de Dios con la humanidad a lo largo de la historia. Por tanto, al estudiar miles de años de tales encuentros, podemos aprender mucho sobre el inmutable carácter de Dios.
A veces, sin embargo, los cristianos se sienten cansados de escuchar siempre los mismos temas. Por ejemplo, puede que pensemos que ya conocemos nuestro mensaje profético distintivo y que no hay nada nuevo que podamos aprender al respecto.
El hecho de que nuestro mensaje sea invariable y coherente no significa que sea simplista o poco desafiante. Por el contrario, cuando se estudia la información proveniente de un Dios infinito, se cae pronto en la cuenta de que sus temas son inagotables.
Según Elena G. de White, uno de los propósitos con que fue escrito el Apocalipsis fue afirmar a la iglesia cristiana en su mensaje histórico relevante para todos los tiempos. «Algunos de los obreros más jóvenes [entre los cristianos del primer siglo] [...] se habían cansado de las verdades tan a menudo repetidas. En su deseo de algo novedoso y sorprendente, intentaron introducir nuevas fases de doctrina» (HAp, 432). En ese sentido, Apocalipsis no es solo un libro acerca del futuro, sino también acerca del pasado, ya que está destinado a mantenernos firmes en nuestra fe histórica para que no cedamos al prurito de la búsqueda de originalidad.
Las Escrituras nunca dejan de aportar nueva información y nuevos conocimientos. ¿Cómo podemos mantener el equilibrio entre el deseo de crecer constantemente en nuestra comprensión de la Revelación y la importancia de permanecer anclados en las verdades que ya nos han sido reveladas?
¿Cómo debe responder la iglesia a las nuevas interpretaciones de la profecía? Aunque sabemos que siempre hay más que aprender, ¿cómo podemos discernir si la nueva luz es esencial, solo una moda pasajera o incluso un error?
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